Lycée Français de Madrid
140 años de educación humanista
El Liceo Francés de Madrid es una de las instituciones educativas con más historia de España. Fundado en 1884, hoy cuenta con dos campus, miles de familias y una comunidad que combina tradición francesa y vocación internacional. Pero su identidad visual llevaba años sin reflejar todo esto. El encargo fue construir un sistema de marca completo que devolviera al LFM la presencia que su historia merece.
Antes de diseñar nada, escuchamos. El LFM tenía claridad interna sobre su propósito, formar ciudadanos autónomos, críticos y abiertos al mundo, pero esa claridad no llegaba al exterior con la misma fuerza. La identidad visual existente no estaba a la altura del proyecto educativo.
El nuevo logotipo parte de las tres iniciales de la institución organizadas con una lógica arquitectónica: la L y la F forman una estructura que contiene a la M, que aparece en rojo como acento madrileño. Orden, solidez y carácter propio.
La paleta (azul noche, rojo y blanco cálido) lleva el tricolor francés al siglo XXI con autoridad y contemporaneidad.
La arquitectura como inspiración de diseño
El LFM tiene algo que pocas instituciones pueden reivindicar: una arquitectura propia con personalidad. Las formas geométricas de los edificios brutalistas, especialmente el patio andaluz del Conde de Orgaz, se convirtieron en elementos gráficos del sistema: patrones, contenedores de imagen, texturas que no son decorativas sino biográficas.
Esa herencia arquitectónica se integra también en los collages visuales (combinaciones de forma, patrón y fotografía) que permiten al LFM comunicar con riqueza y coherencia en cualquier formato.
El resultado es un sistema visual con raíces firmes y capacidad real de adaptación: institucional cuando tiene que serlo, cercano cuando el contexto lo pide.
Origen francés, carácter madrileño
La Marinière es el elemento gráfico más singular del sistema. Inspirado en el icónico estampado marinero francés y construido sobre las líneas estructurales del propio símbolo del LFM.
En su nueva versión, La Marinière tiene reglas claras, proporciones definidas y una lógica de uso que garantiza coherencia sin rigidez. Funciona como fondo, como textura, como acento gráfico. Y en cada formato que toca, el LFM es reconocible al instante.